En esta edición de Facetas conversamos con Luz Eliana Tabares Peláez, artista visual y actual directora de investigación y postgrado de la Universidad del Arte Ganexa en Panamá. Con una sólida formación académica (Maestra en Artes Plásticas por la Universidad Nacional de Colombia y Magíster en Poéticas Visuales por la Universidad de Panamá), su trayectoria combina la docencia universitaria, la investigación y una producción artística profundamente vinculada al territorio y la experiencia sensible del paisaje.
A lo largo de su carrera, Tabares ha sido docente en la Universidad de San Buenaventura, la Universidad Nacional de Colombia y profesora invitada en la Universidad de Panamá. Su obra ha sido reconocida con premios como el de Fotografía de la Escuela Nacional Sindical de Colombia por la serie Ambulantes (1998) y el del Noveno Festival Internacional de Cortometraje de Panamá, Hayah (2015), por su videoarte Paisaje en Obra. Asimismo, ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas, entre ellas Paisajes Cruzados (2017), y recientemente ha sido artista invitada en exposiciones sobre el cartel en Panamá Gráfico.
La conversación gira en torno a su experiencia vital entre dos geografías contrastantes pero complementarias: la alta montaña antioqueña, donde vive a 2.660 metros sobre el nivel del mar, cerca del Páramo de las Baldías, y la ciudad de Panamá, con su cercanía constante al mar. Para la artista, la montaña representa elevación, exigencia y silencio profundo, mientras que el mar simboliza movimiento, respiración y contemplación activa. Ambos paisajes configuran no solo su vida cotidiana, sino también su memoria y su sensibilidad creativa.
En su reflexión sobre la obra, Tabares plantea el paisaje como eje central de su producción, entendido no solo como entorno natural, sino como una construcción cultural y antropológica. El paisaje, afirma, comienza en el cuerpo y se activa en la mirada, en el caminar contemplativo y en la experiencia del tiempo. Paisajes Cruzados surge así como un testimonio de su tránsito entre Colombia y Panamá, donde montaña y mar dialogan como territorios físicos y, al mismo tiempo, interiores. Para la artista, el arte se convierte en huella de una humanidad que busca hacerse presente a través de sus propios signos.
